English Version at the end
La colaboración entre la academia, el gobierno y sector empresarial sigue siendo descoordinada y un poco atropellada pero esta dando signos de mejorar en esta administración con un equipo capas de ser el hilo conductor entre academia y sector empresarial, pasando a ser un discurso a una realidad incipiente. Hay iniciativas individuales interesantes en el país, sí, pero las brechas siguen siendo enormes. De que somos capaces, lo somos, eso no está en duda. Cuando nos fijamos un objetivo, lo logramos. Ahí están los casos de la industria automotriz, donde llevamos la producción y distribución mundial a otro nivel. Lo mismo con el tequila, donde nos hemos posicionado como líderes globales en la producción y exportación. Somos el top 10 de países exportadores de vehículos en el mundo, y los principales productores y exportadores de aguacates y tequila, y hay muchos ejemplos más de que si podemos tomar el liderazgo y hoy se presenta más que nunca una nueva oportunidad.
No basta con decirlo y esperar a que se resuelva todo solito. Claro, la inversión es importante, pero sin enfoque, talento, estrategias claras y un entorno regulatorio que apoye, solo seguimos patinando en el mismo lugar. México tiene el potencial, pero lo que falta es coordinación y alineación con las necesidades reales del mercado y nuestra sociedad para llegar al éxito, como los ejemplos que mencioné anteriormente y veo que esta administración tiene una visión hacia esta potencial oportunidad de generar bienestar aprovechando todas las oportunidades disponibles.
Un ejemplo que demuestra que cuando la academia y la industria se sincronizan bien, los resultados son espectaculares, me tocó verlo y vivirlo con el Conalep de Torreón, donde la formación técnica está alineada con las necesidades de la industria local, dio resultados increíbles para la zona de la Laguna. No se trata de querer hacerlo todo, sino de enfocarse en donde realmente podemos ser competitivos, generar valor y bienestar a nuestras comunidades.
Aquí un problema recurrente que constantemente pongo sobre la mesa: la obsesión por replicar en las escuelas de negocios los modelos de empresas como Amazon, Netflix, Google o Uber, sin considerar nuestra propia realidad. No está mal aprender de ellas, pero México tiene empresas innovadoras que están marcando la pauta y demostrando que no necesitamos calcar modelos extranjeros para ser exitosos.
Ejemplo claro que hay en méxico como Kavak, la primera empresa unicornio mexicana, que ha revolucionado la compra y venta de autos seminuevos con tecnología y financiamiento accesible, al más puro estilo de Carvana. Bitso está liderando el ecosistema de criptomonedas en Latinoamérica, mientras que Nowports está transformando la logística con inteligencia artificial. Y si hablamos de fintech, Clip, Konfío y Stori han demostrado que el acceso a pagos digitales y crédito no tiene que estar limitado solo a los grandes bancos. Son casos dignos de documentar y analizar en universidades y escuelas de negocios Mexicanas.
No hay duda de que en México hay talento académico de primer nivel, que ha demostrado su capacidad en competencias internacionales, obteniendo primeros lugares en áreas como robótica. El problema es que este talento sigue desconectado de las necesidades concretas de la industria. Aquí es donde se necesita un verdadero puente entre academia, empresa y gobierno, facilitado por políticas públicas que impulsen y focalicen estos esfuerzos en las industrias estratégicas para México en los próximos años.
Se me ocurre, por ejemplo,…. Imaginemos clínicas móviles con tecnología satelital tipo Starlink y asistentes digitales que optimicen la atención médica en zonas marginadas. Tecnología bien aplicada para resolver problemas reales. Los médicos no van a desaparecer, claro que no. Necesitamos muchos de ellos, pero con el «superpoder» de la IA podemos resolver muchos problemas rezagados en nuestro país y que atienda 2, 3 ves mas pacientes que sin la ayuda de la tecnología..
Otro obstáculo enorme es la falta de entendimiento entre estos tres actores. La academia muchas veces se siente incomprendida por los empresarios porque su visión es a largo plazo, mientras que los empresarios perciben que la academia no entiende la realidad de los negocios, que operan en el corto y mediano plazo para seguir compitiendo día a día. Aquí se necesita un cambio de mentalidad: menos ego y más colaboración.
Los académicos deben acercarse aún más a las pymes y empresas medianas, que representan más del 50% del PIB y mas o menos 70% del empleo en México. No basta con esperar a que las empresas lleguen solas; hay que construir confianza y trabajar desde las necesidades reales del mercado. Ya existen buenos esfuerzos, pero falta mayor coordinación para elegir bien las batallas y enfocarnos en lo que realmente genera impacto.
Si el gobierno realmente quiere impulsar la innovación, tiene que dejar de ser solo un regulador y convertirse en un articulador estratégico. Debe encontrar el punto de equilibrio entre la urgencia del sector empresarial y la visión de largo plazo de la academia. Ahí está la clave para generar impacto real.
México ya ha demostrado su capacidad para sobresalir en sectores estratégicos como el automotriz, aeroespacial y tecnológico. Si ya lo hemos hecho antes, ¿qué nos impide hacerlo en otros sectores con el apoyo de la Inteligencia Artificial y la colaboración adecuada?
La Inteligencia Artificial puede ser el gran catalizador de esta transformación que puede llevar a México a otro nivel. Ya tenemos casos exitosos en el país: monitoreo del ambiental con drones, optimización de cultivos hidropónicos, y más. No es ciencia ficción, es una realidad en nuestro país.
Entonces, la pregunta no es si México puede innovar. La pregunta es: ¿cuándo vamos a ponernos de acuerdo y empezar a actuar de manera coordinada para transformar estas oportunidades en las industria en la que somos fuertes y en ves de debilitarse con los anos se fortalecerán? El mundo se está moviendo hacia rumbos que aún no conocemos. La pelota está en nuestra cancha, y tenemos que salir a jugar con ella y ser protagonistas con ese arrojo que nos caracteriza a los mexicanos.
Collaboration between universities, government, and businesses is still pretty messy and uncoordinated in Mexico, but it has been substantially improved under this administration —it’s more talk than action. Sure, there are some interesting individual projects, but huge gaps remain. No doubt we have the talent and ability. When we set a goal, we achieve it. Just look at our automotive industry, where we’ve raised global production and distribution standards, or tequila, where we’re now global leaders in production and exports. We’re among the top 10 car-exporting countries and the leading producers of avocados and tequila. Clearly, we can lead, and right now there’s a bigger opportunity than ever.
But it’s not enough to talk about it and hope things will magically improve. Investment matters, but without focus, talent, clear strategies, and supportive regulations, we’ll just keep spinning our wheels. Mexico has great potential, but we need better coordination and alignment with market realities and society’s needs. Fortunately, it looks like the current government recognizes this opportunity to create real prosperity.
One successful example I’ve personally witnessed is Conalep in Torreón. They’ve aligned technical education closely with local industry needs, bringing amazing results to the Laguna region. It’s not about doing everything; it’s about focusing on areas where we’re genuinely competitive and can create real value for our communities.
A recurring problem in Mexico is the obsession of business schools to copying models from companies like Amazon, Netflix, Google, or Uber without considering our own situation and ideology’s. It’s great to learn from them, but Mexico already has innovative companies setting trends and proving we don’t need to copy foreign models to succeed.
Great examples in Mexico include Kavak, our first Mexican unicorn, which has transformed buying and selling used cars with technology and accessible financing, similar to Carvana. Bitso is leading the cryptocurrency market in Latin America, while Nowports is revolutionizing logistics using artificial intelligence. In fintech, companies like Clip, Konfío, and Stori show that digital payments and credit don’t need to be exclusive to big banks. These are great case studies for universities and business schools.
There’s no doubt Mexico has world-class academic talent, proven by international wins in robotics competitions. But the issue remains that this talent isn’t well-connected to real industry needs. We urgently need stronger bridges between academia, businesses, and government, supported by policies that focus on strategic industries for Mexico’s future.
Imagine, for instance, mobile health clinics using Starlink-like satellite tech and digital assistants to improve healthcare in remote areas. Using technology wisely to solve real problems doesn’t mean doctors disappear; it just means we empower them with AI to tackle longstanding issues.
Another huge obstacle is the misunderstanding between academia, businesses, and government. Academics often feel misunderstood by businesses because they think long-term, while business leaders think academia doesn’t get the short-to-medium-term realities they face daily. We need a shift in mindset: less ego, more collaboration.
Academics should work more closely with small and medium-sized businesses, which represent over 50% of Mexico’s GDP and about 70% of employment. We can’t wait for businesses to come to us—we need to build trust and respond directly to market needs. Good efforts exist, but we need better coordination to choose the right battles and focus on impactful areas.
If the government truly wants to boost innovation, it must move beyond just being a regulator and become a strategic connector. It needs to balance the urgency felt by businesses with academia’s long-term vision. That’s the key to making a real impact.